viernes, 30 de julio de 2010

LA TRUCHA SANGUINARIA

Erase una vez un hombre que se llamaba Javier que vivía en el campo muy tranquilo en una casa que estaba al lado de un estanque.
Era pescador y cada día salía al puerto para pescar truchas que luego vendía en el mercado.
Un día fue al puerto como todas las mañanas y dejo la caña de pescar y esperó, esperó y esperó,… pero sin éxito. En ese momento empezó a tronar.
Javier estaba triste por no haber pescado nada y pensó que no podía volver a casa.
Hacía mucho viento, el agua empezaba a entrar en el barco.
De pronto algo tiró de la caña de pescar y Javier se puso muy contento y saltó de felicidad.
¡Qué suerte! – gritó.
Cuando empezó a envolver la caña de pescar algo saltó del agua. Era una trucha pero no de tamaño normal, sino muy grande y gorda que tenía los dientes agudos y los ojos muy rojos.
La trucha le atacó al pescador y le mordió en la mano. La sangre de su mano se mezclaba con el agua y el barco se tiño de rojo.
El pescador no sabía qué hacer, estaba aterrado, así que para defenderse le pegó a la trucha con el remo. Ella rompió el remo y chupó la mano de Javier pero no se lo comió.
Javier desapareció en el agua y nadie nunca supo cómo murió el pescador.

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